Abrí mi correo personal de Hotmail , ese que que no abría hace 14 años (o más).
Y tocó hacer magia porque no me acordaba de la clave y tocó casi casi hasta llamar al señor Jotmeil a que me desbloqueara esa cosa.
Y tocó entrar con destornillador, machete, linterna y antorcha por si algún chulo o murciélago venía de cabeza al ataque.
Y tomé una decisión ejecutiva: Borrar todo lo que había ahí.
Y todo se fue.